jueves, 5 de febrero de 2009

Capítulo 6

Capítulo 6

“La cosa más difícil es conocernos a nosotros mismo; la cosa más fácil, hablar mal de los demás.”

Epicteto


Lima, 1996

En esta época adolescente era el orgullo de mis padres:

Obtenía muy buenas calificaciones, era parte del seleccionado de fútbol del AELU y siempre obtenía medallas de oro en los Undokai, o juegos deportivos del AELU.

Siempre estaba ocupado: entre entrenamiento y estudios.

Y es que tenía la idea de hacer todo perfecto.

De ser alguien perfecto.


El problema era que nunca estaba conforme conmigo mismo. Siempre quería ser el número uno. EN TODO. Y es que quería destacar. Siempre me criticaba y muy pocas veces me alababa.

Y es que el ganar me levantaba el ánimo.

Ánimo que la mayor parte del tiempo andaba caído.

Nunca me sentía completamente feliz.

Era horrible.


Sentía también una falta de autoestima.

La idea que no valía, la idea de inferioridad, la idea de ser un idiota.

Era terrible.



Las mencionadas arriba eran ideas que venían desde la niñez y que habían dejado heridas muy profundas en mi alma.

Ideas que podrían a llevarme a la autodestrucción.

Era preocupante.

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Lima, 1996

En esa época me sentía derrotado, y es que un idiota me había quitado a Karina.

A pesar de mi falta de confianza era el número uno en muchas actividades.

Pero el último en el amor:


Y es que había perdido. Realmente había perdido.

Y había sido derrotado ante un imbécil. Un verdadero imbécil.

Resultado: mi primera decepción amorosa.


¿Por qué aceptó? ¿Es porque me demoré?

Era terrible ver a Karina con su enamorado.
Era terrible verla tan contenta.
Era terrible cuando me saludaba.
Era terrible cuando en un saludo tocaba su mejilla con mis labios.
Era terrible darme cuenta de que la había perdido.

Y me sentía mal y triste de vivir en ese infierno.

Pero había algo extraño.

Dentro de toda esta frustración y tristeza comenzaba a encontrarle un gusto ya que me hacía recordar a algo. Experiencias similares. Sentimientos encontrados.

Un gusto masoquista.

¡Me hacía recordar mi infancia!

Es muy difícil de explicar.
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La verdad nunca sabré que hubiese pasado si me hubiese declarado primero.

Y comenzaba a culparme, a culpar mi forma de ser.

Comencé a atacarme a mi mismo:

-Arturo eres un tonto de verdad…
-Ay cerebrito. ¿Por qué me atacas todo el tiempo?
-Porque por primera vez me ponía de acuerdo con tu corazón y al final nunca te decidiste…y al final nos ganó un idiota. ¡Eres un tonto de verdad!
-Quizá tengas razón…quizá realmente sea un perfecto idiota…

Y mis pensamientos se acostumbraron a cuestionarme y culparme todo el tiempo.

Ya no alabanzas, sólo reproches. Sólo un “debes dar más”.


Y a través del triunfo en los estudios y en el deporte trataba de cubrir ese vacío, de cubrir esa soledad que siempre había sentido desde pequeño.

Y comprendía que el amor no lo podía controlar, que era mejor cerrar mi corazón para no sufrir más.

Era mejor estar solo.


Y cuando estaba a punto de cerrarme del amor…apareció ELLA.

ATH

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