“La mayoría de las personas gastan más tiempo y energías en hablar de los problemas que en afrontarlos!
Henry Ford

-¡Oh, no ya son las 3:10! –decía desesperado.
Había visto mi reloj. Y desesperado me daba cuenta que ya habían pasado 10 minutos de la hora señalada.
-¡Qué idiota soy!¡Cómo pude olvidarme de algo tan importante! ¡Soy un idiota!-me repetía constantemente.
En esos mementos no sabía qué hacer. Mi plan original había sido terminar de jugar a las 2:30, irme a bañar, practicar un poco mis líneas y finalmente encontrarme bien presentado a la cita pactada.
Ahora estaba todo sucio, cansado, sin saber exactamente qué decir ni qué hacer y con 10 minutos de retraso. Quería retroceder el tiempo, pero ya no podía hacerlo. Quería echarme la culpa, insultarme lo más posible por no haber sido precavido.
Pero eso no cambiaría mi situación actual.
Debía actuar rápido y ya.
Así que tomé una decisión. Iba a ir en mi condición actual.
-Amigos disculpen, tengo que irme un rato, ya regreso. ¡Así que dejo mis cosas!-gritaba mientras corría lo más rápido posible a donde se encontraban Karina y María.
-¡Oye, no nos dejes!- gritaba molesto uno de mis amigos.
-Disculpa…es urgente. ¡De verdad! Ya vuelvo.-respondía con sentimiento de culpa.
-Ok…ok. Anda nomás. Igual no te necesitamos.-fue lo que escuché.
Y corría y corría.
Y sudaba y sudaba.
Qué decir, qué hacer. Era seguro que sería una de las peores declaraciones de todos los tiempos. Las peores palabras, con el pero protagonista. En la pero condición posible.
Mi baja autoestima comenzaba a jugarme una mala pasada.
Así me sentía en esos momentos.
En esos momentos no pensaba del todo bien. Quizá mi corazoncito o mi cerebrito me habrán hablado, pero de la desesperación no podía prestar atención a nada. Sólo quería ver a María.
Y poco a poco llegaba al punto de encuentro. Y de lejos comencé a buscarlas.
Desesperado veía de un lugar a otro. No había nadie alrededor. Sólo un silencio sepulcral. Demasiado silencio. Demasiada tranquilidad.
No las veía. Y comenzaba a desesperarme.
-Donde están. Donde están. ¿Ya se habrán ido?-me repetía desesperado. No no no, no puede ser posible…no…no…
Estaba a punto de romper en llanto cuando las vi.
María y Karina estaban juntas hablando cerca a un árbol.
Parecía que María no entendía por qué estaba ella allí. Era obvio que Karina estaba tratando de mantenerla el mayor tiempo posible.
María estaba más bonita que nunca.
Pocas veces había hablado con ella. Pocas veces había compartido con ella. Realmente no la conocía mucho, pero me gustaba demasiado. Dentro de mi corazón sentía que ella era para mí.
Así que tomé una respiración profunda.
Y fui para allá.
ATH

No hay comentarios:
Publicar un comentario