martes, 3 de febrero de 2009

Capítulo 4

Capítulo 4


“La peor decisión es la indecisión.”

Benjamin Franklin


Lima, 1996

-¿Segundo de secundaria, sección B?...

Sí, había sido ubicado en la B.

Entré al salón y allí estaba Karina

-¡Wow, que bonita es!, me decía.

Y la veía.

Ella estaba unos asientos más adelante, siempre tomando apuntes, siempre prestando mucha atención. Ella era perfecta, era inteligente, era bonita, era para mí.

¡Era la número uno del colegio y de mi corazón!

¡Me había enamorado!

¿Pero qué decir? ¿Qué excusa poner? ¿Sería cuestión de tiempo?...
……………………………………………………………………………………………


Varios días después.


Estaba en mi casa jugando pelota con mi hermano, cuando ingresó una llamada.

Yo respondía.

-¿Si? ¿Quién es?
-Hola Arturo…mmm…soy Karina. Creo que no nos hemos hablado antes, pero estamos en el mismo salón…
-A…déjame pensar…Ka…Ka…Karina…Karinaaa…aaa ¡Sí, sí!

En ese momento mi corazoncito latía cada vez más rápido y me ponía muy nervioso.

Luchaba por no tartamudear.

Y es que tartamudeaba cuando me ponía muy nervioso.


-Bueno, te llamaba porque hay una tarea que quiero hacerla ahora y no la he apuntado…es sobre la tarea de química…¿Tú la tienes?
-¡Sí sí! Claro cla…cla..claro que la tengo…¿Me esperas 1 minuto? ¡Vo…vo voy a buscar mi…mi…mi… cuaderno!
-Sí sí, claro. Aquí estoy.

Subía a buscar mis apuntes y pensaba rápidamente:

-¿La tarea de química? ¿Cómo que no lo has apuntado? ¡Si tú apuntas todo!



Desde ese día nuestra amistad creció y creció.

Y mi amor hacia ella también.

Recuerdo que durante las clases siempre la veía desde mi asiento.

Era tan fuerte el sentimiento que crecía dentro de mí que si durante la clase ella salía del salón ya la estaba extrañando.

Hablar por teléfono con ella también era normal y divertido: nos comunicábamos por 30 minutos a 1 hora, 2 a 3 veces por semana.

Y poco a poco los amigos se dieron cuenta, era demasiado obvio.

Por ejemplo, cuando, en el recreo, los dos nos poníamos a jugar algún jueguito tonto en una hoja de papel, los demás compañeros se iban, nos dejaban solos, nos cerraban la puerta.

¡Ni cuenta nos dábamos! ¡Seguíamos jugando y jugando!

Parecía que era cuestión de tiempo el que fuésemos pareja.

El problema era que tenía que declararme. ¡Pero tenía tanto miedo de hacerlo! ¡Tenía tanto miedo de ver su reacción! ¡Tanto miedo de ser rechazado!

Me moría de miedo.


Una tarde recibía la llamada de su mejor amiga, Silvia:

-¿Alo?
- Hola Arturo, ¿cómo estás? Soy Silvia.
-Ah hola Silvia. Sí bien y ¿tú?
-Sí bien, bien…oye Arturo, ¿Por qué aún no te le has declarado a Karina?
- ¿Disculpa? ¡No sé de qué hablas!
-¡Ay Arturo! ¡No te hagas el “mongo”! ¡Ya todo el mundo sabe que los dos se “recontra” gustan! ¡Sólo hay que formalizar la relación! ¡Tienes que declararte y YAAA!
-¿Qué?
-Sí, declárate ¡YA! ¡Porque ya es demasiado obvio!
-Es que me da “roche” hacerlo…
-¡Arturo, lo haces YA! Acabo de hablar con Karina, ella está en su casa ahora…!Llámala y declárate!
-Noooo, ¿Por teléfono? ¿´Tas loca?
-Sí hazlo ¡YA! ¡Hazlo antes que sea demasiado tarde!
-Pero, ¿Y si dice que No?

Uno nunca sabrá lo que puede suceder si nunca lo intenta. No inventemos cosas “antes de”, porque sólo serán simples especulaciones…

ATH

No hay comentarios:

Publicar un comentario